¡HOLA!...


Recuerdos de la cabina.
(cuarenta años después...)


Cuando me doy una vuelta por webs de DJs y empiezo a ver palabros como «backspine», «strobe», «breakbeat»... me doy cuenta de lo viejo que soy... ¡No me entero de nada!... Bueno, es algo normal, si se tiene en cuenta que entré en mi primera cabina a finales de los años sesenta (sí, con "s" de seis).


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Y lo que son las cosas, entonces ya me solía preguntar si eso de mezclar música tendría futuro; no me podía imaginar a nadie pinchando a los cincuenta años. De hecho, ni siquiera podía asegurar que las discotecas existiesen en el año 2000... y ya ves, aquí siguen, incombustibles... y en lo que a mí se refiere, no pincho en ningún local, pero eso sí, en cuanto puedo, a mezclar con el PC. ¡Qué gozada de máquinas!... y, mejor aún, ¡Qué gozada de software!.


Pero no siempre ha sido así. Cuando los discos no brillaban, las cosas -las mezclas- se hacían de otra manera.



LA RÁPIDA HISTORIA (que yo conocí) DE LA MEZCLA


En los años sesenta, en las primeras discotecas, la clasificación de canciones consistía en "RÁPIDAS", "LENTAS" y, como mucho, "MEDIAS". Los discos se marcaban poniendo unas etiquetas adhesivas en la funda, se guardaban en cajones separados... y ya está. Eso era todo.



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... y llegó CASIO

A mediados de los setenta, cuando se popularizaron los primeros relojes digitales que eran capaces de medir hasta centésimas de segundo, se pudo hacer una clasificación mucho más precisa.

Yo solía apuntar la duración en centésimas de 4 compases (16 "beats"). Luego se popularizó otro método que lo hacía al revés. En vez de contar el tiempo que duraban 16 beats, contaba los beats que 'cabían' en un minuto. Era el BPM.


El sistema era lo de menos. Lo importante era que ya se podía medir la velocidad de una canción con exactitud.



Cortes y fundidos.


Pero había otro problema. Todavía la inmensa mayoría de canciones se grababan sin metrónomo, por lo que conseguir una velocidad constante dependía de la regularidad de los músicos, sobre todo del batería que, obviamente, no era una máquina. Por eso la velocidad no era constante y resultaba imposible hacer un fundido largo sin "zapatear" escandalosamente. Se mezclaba por corte, utilizando pasajes de las canciones que el buen pinchadiscos conocía bien.


Pero en cuanto la tecnología digital entró a los estudios de grabación y los músicos tuvieron una referencia estable, el trabajo en la cabina se hizo mucho más interesante. Ya se empezaban a escuchar largos fundidos y los DJs desafiaban a ver quién distinguía cuándo se pasaba de una canción a otra... Eran los ochenta... y el gran salto estaba a punto de llegar.


Mezclando en pantalla


Recuerdo muy bien el día -a finales de los ochenta- en que hice por primera vez algo que en audio, era inconcebible: Modificar la velocidad de una canción sin afectar al tono... Hasta entonces había una ley de oro que decía que si se aceleraba o retrasaba la velocidad de una canción, su tonalidad, necesariamente, también subía o bajaba. Un ejemplo era el clásico "pitufeo" de un disco puesto a más revoluciones... Bueno, pues también en eso los ordenadores hicieron el milagro. Fue con un Commodore Amiga -no recuerdo el programa- y pensé que, de ahí en adelante, todo era posible.

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Así que en los noventa, los ordenadores, con programas cada vez más sofisticados, se convirtieron pronto en la herramienta soñada por los músicos... y también por los DJs. Ahora la música, además de oir, se podía ver... y en la pantalla todo era posible...




En esta web...

voy a comentar algunas reflexiones muy generales sobre aspectos de las mezclas  (me interesa mucho la «Mezcla armónica» o «Harmonic Mixing») y mostrar algunos trabajos que he ido haciendo poco a poco. Espero que todo esto te sirva para algo, pero de cualquier manera, gracias por tu visita y por haber leído hasta aquí.

... y ya que estás...




(Dedicado a los montadores musicales de las viejas pelis de Disney.)

Fermin Rotaetxe
BILBAO - Diciembre 2007


Gracias por tu visita